La rica salsa canaria se llama… Transterritorial.come

En la actualidad, hablar o escribir sobre la cultura y todo lo relativo a ella supone un auténtico reto por la complejidad del propio término. Hemos abusado del término hasta el punto de confundir o malinterpretar su verdadero significado. Tal es el batiburrillo de conceptos, que en más de una ocasión he tomado prestadas las palabras del intelectual galés Raymond Williams: “No sé cuántas veces he deseado no haber oído nunca la maldita palabra”. No obstante, y a pesar de la manipulación semántica de la que ha sido y es objeto la cultura, nunca he dejado de ahondar en su sentido. Tras muchos quebraderos de cabeza, diría que la cultura es toda aquella manifestación o conjunto de actos que nos ayuda a formar una idea crítica de la realidad existente y que cultivan el intelecto. Quizá sea un tanto pueril u obvia tal definición, pero es la que me satisface.

José Aníbal Campos. © Roberto A. Cabrera

José Aníbal Campos. © Roberto A. Cabrera

En ese afán por conocer y reconocer cualquier pensamiento o aspiración cultural, de pronto me topo con un proyecto que no me es ajeno por su propósito. Transterritorial.come, que así se titula dicha iniciativa, tiene su origen en Canarias, esas ínsulas forasteras que han seducido a decenas de autores y artistas a lo largo de los siglos y que, por desgracia, hoy en día muchos creen que son un mero centro turístico y recreativo. Y para averiguar más sobre esta cosa contacto con uno de sus hacedores, José Aníbal Campos, ser pre-ocupado, inquieto y valiente, además de renombrado traductor de autores como Uwe Timm, Hans Magnus Enzensberger, Pascal Mercier, Hans Sedlmayr, Philip Ball, mi adorada Ingeborg Bachmann, Peter Stamm, el grandísimo Gregor von Rezzori y un largo etcétera.

Durante nuestra charla le comento a Aníbal un dato curioso, como es el hecho de que la literatura de viajes está plagada de referencias a las islas Canarias o que figuras tan emblemáticas como Alexander von Humboldt, Jean Marie Jérôme Fleuriot de Lange u Olivia Stone, entre otros exploradores y cientifistas, anduvieron por esas tierras e hicieron retratos de su idiosincrasia. Asimismo, le comenté que escritores como José Saramago, Carlos Fuentes o Michel Houellebecq se enamoraron de la magia de Lanzarote, o que Unamuno, Carmen Laforet o incluso Lorenzo Silva, por citar unos pocos ejemplos, también forman parte del imaginario literario de las islas. Aun con todo, siempre permanecen aisladas, en constante fuera de juego, o eso parece. ¿Cuál es el motivo? Antes de contestar a esta pregunta, Campos, de manera acertada, prefiere detenerse un segundo para analizar un tema que para él es clave, como lo es para un servidor: “la Cultura (en mayúsculas) y las sospechas y confusiones que despierta el término”, dice.

Teniendo en cuenta que “Cultura viene de cultivo, de comida y de alimento, de labor ardua para conseguirlo”, Campos asesta un buen golpe sobre la mesa al afirmar que “la aberrante especialización del hombre, en la arrogancia que da la certeza de que tiene el cerebrito (y lo recalco, el cerebrito) más grande, ha creado una confusión tremenda, porque puede parecer culto quien tenga algo de memoria y recuerde todas las estupideces escritas que ha leído, e incluso todas las cosas literariamente válidas que ha leído”. Razón, no le falta. Y prosigue: “pero todo tiene que ver, a la larga, con un tomate, con un pimiento, con una huerta. La vida se basa en la alimentación, eso de la alimentación del espíritu es una burda metáfora creada por gente que ya ni tuvo que currarse sus alimentos. Y eso tiene también connotaciones mucho más gravosas de lo que imaginamos”. Pero, ¿qué connotaciones podrían ser esas? “Somos agua, un setenta por ciento de agua, pero así y todo nos creemos los reyes del universo”, me explica, seguro él; para añadir, a continuación: “somos, sin embargo, más débiles que ciertas bacterias para las que todavía no hemos encontrado un antídoto (que normalmente se patenta y se convierte en algo prohibitivo para quienes padecen las bacterias con mayor riesgo)”. En otras palabras, no somos nada, poquita cosa si nos comparamos con la naturaleza. Cierto es.

Islas-Canarias

Con el temor de perder el oremus, realizamos un viraje de 180 grados para volver a las Canarias, para volver a Transterritorial.come y a la primera pregunta que formulaba sobre el teórico aislamiento del archipiélago. “A mi juicio, son el mejor ejemplo en España de un ‘desarrollismo‘ mal entendido (en lo cultural y lo económico y en lo cultural), y su auge económico a partir del turismo ha causado unos daños que yo considero casi irreversibles en la mentalidad de los canarios”, asegura Aníbal; ahí es nada.

El turismo, ¿verdugo?

“La fascinación que ejercen el paisaje de fábula de las Islas Canarias (y recordemos que al yo decir de fábula estoy usando una metáfora humana, que los seres ‘fabulosos y extraños’ somos nosotros para los lagartos y los cormoranes), los fenómenos naturales y atmosféricos que allí se producen a diario (si no vives en un piso de mierda en cualquiera de sus aglomeraciones-albergues) han generado una especie de idea, en lo literario, de que esas islas están hechas especialmente para un pensamiento místico-literario y místico-poético, de que hay una singularidad en las Islas Canarias que hacen que su literatura sea especial, cosa que, a primera vista, se revela como extremadamente falso, o por lo menos exagerado…”. Son palabras de este literatus con conciencia y dos dedos de frente; palabras que, aunque incisivas, esconden un gran pesar (pero de eso ya se hablará más adelante).

El proyecto

Al parecer, Transterritorial.come es un proyecto de divulgación cultural. Pero, ¿qué es y qué se pretende conseguir a través de esta iniciativa? Y lo que es más importante, ¿por qué ponerla en marcha, qué necesidad había? José Aníbal Campos responde: “Mira, la idea sale de dos cosas. Primero, una experiencia traumática personal en mi estancia de cuatro años en las Islas Canarias. El sitio donde he vivido y padecido el más bajo nivel ético-intelectual de todos los lugares donde he residido. He tenido mucho tiempo para reflexionar sobre eso, y he repasado todos mis apuntes. He vivido allí lo que no he conocido en ninguna otra parte: cliques de escritores (normalmente unidas en otras partes del mundo, impermeables) cuyos miembros no hacen más que difamarse unos a otros a nivel individual en cuanto ven una posibilidad de medrar a costa de sus artes difamatorias; renombrados círculos de traducción literaria cuyos métodos darían vergüenza a quienes tradujeron por primera vez del arameo; traductores de idiomas que no conocen, con nombres ya instalados (y estrategias para seguir instalándose) en un gremio de gente noble y realmente sacrificada en aras de la divulgación de la cultura; mezquindad a los más increíbles niveles (todo documentado, no es habladuría), etc., etc.”. ¡Menudo panorama, Aníbal! Aunque no todo es tan negativo en su opinión, claro está. “Así y todo, y como en todas partes, hay en Canarias gente de un valor extraordinario (cultural y vitalmente), y normalmente se trata de los relegados, de los difamados, de los que no están insertos en ningún mecanismo de poder ni (si se me permite la expresión) pueden hacer una mamada ocasional para insertarse…”. Por lo tanto, averiguamos que… “Transterritorial.come sale de esa frustración, compartida con varios amigos canarios que anhelan que se acabe la autofagia, que desean con honestidad poner un punto final al clientelismo de todo tipo (el abierto y el disfrazado), que, a fin de cuenta, desean comunicarse con el mundo de la cultura a otros niveles menos locales, menos devoradores y tiránicos”, expresa Campos. Complicada empresa, sin duda. Complicada pero noble, pues todos ansiamos escapar de cualquier tiranía, sin excepción.

Esa ceguera inducida, confundida con una profusa devoción por lo local/tradicional, perjudica más que beneficia. De poco sirve mirarse constantemente el ombligo, por más que le tilden a uno de extraño en su propio hogar. Tonterías, si me lo permiten, las justas, más en pleno siglo XXI, era donde la globalización, guste o no, es un hecho. ¿Acaso esa autofagia de la que habla Campos se produce por miedo al ridículo? Miedo al ridículo por no saber, por no ver más allá, por apreciar o por no interesarse. Muy probablemente, si bien intentan camuflar su torpeza con la ofensa. Ya se sabe, atacar es mucho más sencillo.

Seguimos conversando y, de pronto, aparece el nombre de Iván Cabrera Cartaya. José Aníbal Campos me confiesa “que este proyecto le debe mucho al entusiasmo de este poeta, narrador y ensayista (otrora muy premiado, pero desde hace algún tiempo proscrito, desde que decidió que su vida cultural, y su vida personal, eran el mundo, no Canarias), que ha querido participar con su energía y su talento”. Al parecer, “Cabrera ha renunciado a los laureles ficticios para comer platos deliciosos que lleven, como ingrediente, hojas de laurel… Y es un orgullo para mí ser su amigo, en una ardua y bien currada amistad…”. Eso se merece un aplauso.

Los objetivos

Y, en cuanto a sus objetivos… “Divulgar, compartir, entregar, aprovechar que hay cientos de escritores internacionales que visitan Canarias en privado para, dentro de nuestras muy precarias posibilidades, darles la oportunidad de compartir sus obras con un público canario esencialmente abierto, rebelde, inteligente, pero sometido, dependiente…”. Eso se merece otro aplauso. Aun hay más: “creemos que en la medida en que ese intercambio sin jerarquías fructifique, ayudaremos a superar ciertos complejos de inferioridad muy dañinos, cierta retórica vacía, cómplice, o al menos, oportunista, como es el caso de tantos intelectuales (o supuestos intelectuales) canarios que cambian de bando en su discurso a la primera de cambio (quizá por mantener la belleza del quiasmo…)”. ¿Lo lograrán? Habrá que permanecer atentos. Fácil, a priori, no resulta, pero su misión (porque esto, señores míos, se ha convertido en una especie de contienda) bien merece el esfuerzo de intentarse.

Para llevar a cabo dichos objetivos, el saber que Transterritorial.come es un proyecto de fronteras fluctuantes, de intercambio de flujos, resulta vital. Probablemente este sea uno de los aspectos más atrayentes de la iniciativa, de su germen, pues sabemos que actualmente todo debe ser etiquetado, perfectamente delimitado, lo cual se traduce en un mayor hermetismo. Así, esa pasión desaforada por la especificidad conlleva, creo yo, una limitación. De ahí que le pregunte a Aníbal si la frontera es una construcción intelectual y simbólica por naturaleza. ¿Tanto miedo hay a perder la identidad? Y, por otro lado, ¿qué es o qué entendemos por identidad, tanto a nivel individual como a nivel cultural? No tarda en contestar que esa supresión de fronteras es muy importante para ellos. “Que no haya límites de ningún tipo a lo que queremos mostrar y compartir. Ni de género, ni de tendencias, ni de estilos o gustos, ni de nacionalidades ni de idiomas. Y, sobre todo, que no primen los gustos o fobias personales para lo que queremos mostrar”, incide. Por tanto, cuál es el criterio a seguir. Digamos que lo básico y principal es compartir, simple y llanamente, pues como bien refleja Campos, “otro aspecto importante es que en este proyecto no hay jefes, ni líderes, ni gurúes, sino simplemente colaboradores (amigos o no amigos). Queremos que, en la medida de lo posible, cualquier escritor de cualquier lengua o cultura que visite Canarias y con el que podamos establecer un contacto ‘nos’ regale lo que tiene para ofrecer…”. Termina esta reflexión y rápidamente me remarca ese “nos”, para “posibles suspicacias”, pues “yo soy cubano, de origen cubano, pero un cubano de origen español, con sangre canaria –a mi pesar– por parte de mi abuela materna; soy, sin embargo, español, por derecho de sangre, no por residencia, y mi nacionalidad me la dieron en Canarias, gústele a quien le guste y le pese a quien le pese. Ich bin ein Kanarier…, diría parodiando al funesto y finado Kennedy”.

En definitiva, el propósito que tienen en mente no es otro que “llevar a las Islas Canarias al mapa de la cultura, pero de verdad, no exportando y promoviendo a decenas de escritores mediocres que están relacionados con los Cabildos o los capitostes de la política cultural canaria, o porque tienen un padrino en un gran diario español (porque hasta esos niveles llega la dependencia cultural canaria, Monago no es el único ejemplo en este mundo de ‘comancola‘)”, declara un José Aníbal Campos decidido a lograr satisfacer un triple deseo: Libertad. Apertura. Debate. “Y todo bajo los focos de los escritores que visiten Canarias, que van a ser nuestros verdaderos multiplicadores, y los que quedarán satisfechos de conocer la generosidad canaria, el talento de muchos de los hijos de esas islas, su afán de aprender y de enseñar, algo que ahora, según nos parece, queda limitado por infinidad de compromisos mezquinos de toda índole…”. Así sea.

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